“EI hombre sabio comprende que la salud es la más grande de las bendiciones humanas”. (Hipócrates)
Sócrates dijo una vez: “Sólo existe un bien, el conocimiento, y un mal, la ignorancia”. Esta afirmación debe guiar todas nuestras acciones, sobre todo si se trata de nuestra salud. En la actualidad, muchas personas desconocen las pautas más elementales que conviene seguir para disfrutar y conservar una buena salud. La naturaleza nos ha dotado de un prodigioso sistema inmunológico, y lo único que tenemos que hacer es cuidar adecuadamente esa fuerza curativa interior.

¿Parece esto demasiado sencillo, demasiado fácil? Es que, básicamente, lo es. Lo que ocurre es que la vida moderna nos ha desviado de ese equilibrio natural: comida rápida, abuso de alcohol, contaminación ambiental y el consabido estrés derivado de la actual tecnología. La Naturaleza está organizada para nutrir nuestra fuerza curativa interior con las sustancias naturales necesarias para que el organismo funcione al máximo y correctamente. Sus recursos son alimentos integrales y de producción ecológica, vitaminas, minerales, enzimas, aminoácidos, fitoquímicos y otros regalos naturales, que fueron creados en consonancia y para ser utilizados por nuestro sistema inmunitario. Sin embargo, la mayoría de las personas desconoce lo que el organismo necesita para funcionar adecuadamente; por eso aparecen los desequilibrios y la propensión a sufrir toda clase de enfermedades.
Desde el punto de vista NATURISTA la falta de salud y la aparición de numerosas enfermedades están favorecidas por la acumulación, a lo largo del tiempo, y en distintas partes del cuerpo, de sustancias tóxicas o desechos. Ello se conoce con el nombre genérico de TOXEMIA o ENSUCIAMIENTO, es decir que en el interior del organismo hay “suciedad”.
Muchas de esas sustancias tóxicas nos llegan a través del aire que respiramos, pero también las ingerimos con lo que comemos y bebemos. La contaminación ambiental afecta al planeta, a nuestros alimentos y a nuestro organismo.
Otras veces, las toxinas que se acumulan en el interior del cuerpo, son desechos propios de la actividad metabólica de las células del organismo que no pueden ser bien eliminadas.
Muchas otras toxinas capaces de influir en el origen de las enfermedades, se desarrollan en el propio aparato digestivo, principalmente en el intestino, y luego pasar al interior afectando a distintos tejidos y órganos.
También nuestros pensamientos y sentimientos, cuando son conflictivos, pueden favorecer de distintas formas la acumulación de sustancias tóxicas en el organismo y provocar alteraciones.
Cuando estamos estresados, nerviosos, enfada-dos, deprimidos, asustados o cansados, nuestros sistemas de eliminación y neutralización de toxinas no funcionan todo lo bien que sería necesario y las toxinas, la “suciedad”, venga de donde venga, puede acumularse y acabar provocando alteraciones.

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